viernes, 23 de septiembre de 2011

Parece que continúa

Este blog nació con la intención de suponer un desahogo a mis inquietudes veraniegas que antes compartía de otra forma, con lo que su conclusión debería haber llegado con el final de mis vacaciones o, en cualquier caso, con la expiración del verano.

Pero es que durante este tiempo no he escrito tanto como me hubiera gustado, tantos post's como en mi cabeza se han ido creando, siempre mi falta de tiempo, ese tiempo que inocentemente solicité en twitter ante la inteligente propuesta de un follower que nos pedía ideas para transformarnos, cuando realmente lo que quería cambiar era este mundo.

De momento lo que yo necesitaría es que alguien inventara un aparatito que fuera transcribiendo todo aquello que redacto en mi cabeza cuando no puedo plasmarlo en el teclado porque mis manos están al volante, ya que son estos los momentos en los que más me inspiro, aquellos en los que hago de taxista, mejor no, de chófer, porque lo de bajar bandera no me sirve para nada, nadie me paga las carreras, y mira que a este segundo empleo mío de por las tardes podría sacarle yo partido si realmente fuera remunerado.

El caso es que el cierre del blog no va a tener fecha definida, convirtiéndose en eternas estas vacaciones del 2011 en las que comencé a escribir mi diario en la red. Tal vez poco a poco consiga compartir todas las palabras, todas las ideas, que circulan por las carreteras de mis circuitos neuronales.

También es cierto que en alguna ocasión me he retraído de escribir porque lo que me apetecía en ese momento era opinar, y no es ese el objetivo de estas líneas. Lo que ocurre, es que el fondo de aquella opinión se ha convertido en una constante a mi alrededor en los últimos tiempos, y, por ende, en la respuesta al follower que nos pedía transformación.

El caso es que no soporto la intransigencia, y, desgraciadamente, vivimos rodeados de ella. Nos hemos acostumbrado a faltar el respeto de forma gratuita a aquel que tenemos enfrente, por motivos tan simples e injustificables que resultan vergonzantes. Hemos perdido la capacidad de respetar la libertad del prójimo que pasa junto a nosotros, por el simple hecho de ignorarle, porque no miramos más allá de nuestra nariz. 

Y es que no me gusta que le griten a una operadora que está haciendo su trabajo cuando no puede continuar porque se ha caído la red. Y es que no me gusta que mientan a la policía municipal porque no pueden atravesar un arco de seguridad, tras haber llamado imbéciles a los que allí trabajan. Y es que no me gusta ver cada día, frente a la puerta del cole, la fila de coches cuyos dueños esperan la salida de sus hijos, aparcados sobre el carril-bici. Y es que.....

¿Que como me voy a transformar? Pues creo que procurando no ser intransigente y continuando subida a este modo slow que me está llenando de tranquilidad y espero me de energía para caminar a lo largo de este curso escolar que se presenta largo y complicado.