domingo, 21 de octubre de 2012

Atrapada

A lo lejos escucho el ronronear de un despertador que no es el mío, tomo conciencia de que es sábado y me regodeo en la ausencia de prisa.

Ante la oscuridad de mi vagancia, comienzan a desfilar los sonidos de la mañana, ya hay vida en la casa: grifos que liberan el agua tras el descanso nocturno; microondas que marean el tazón de leche; armarios que se cierran con más brusquedad de la esperada... 

A través de las venas de los baños que ascienden sin  miedo hacia el tejado, la vida de mis vecinos de abajo también se descubre ante mis sentidos: "desayuna, cepíllate los dientes, papá quiero agua, pues cógela". El silencio da paso al estruendo que unos cristales producen al golpear el suelo, llanto y voces de un padre al que ya le apremia el tiempo para no llegar tarde a la hora de convocatoria de la joven promesa del fútbol.

La vida alrededor se ha vuelto a dormir y los ojos deciden despegarse para descubrir como aparece a través de la ventana el cuadro de nubes blandas y espesas que anuncian lluvia matutina. Me arrullo bajo la manta, dilatando cada segundo, disfrutando del placer de la propiedad de tu tiempo.

La intención de levantarme se ve anulada por el abrazo que se adapta a cada poro de mi espalda y que dulcifica el recuerdo de las pocas horas descansadas la noche anterior, mientras repaso las escenas de un reencuentro vivido que nos retorna a la normalidad olvidando un tiempo extraviado.

No se puede dilatar más el momento de levantarse, abandonar el cálido abrazo y dejar que el colchón de viscoelástica recupere, casi antes de que yo me ponga en pie, su plana forma. Le prometo volver junto a él esta misma noche y dejarle que vuelva a envolverme


domingo, 14 de octubre de 2012

El último inquilino


La parcela representó un refugio para los fines de semana sin su nueva afición tras el divorcio. La gente de antaño, de la que se había apartado durante casi veinte años tenía sus propias vidas donde era complicado retornar. A cambio, los amigos de sus hermanos pequeños la acogieron como a una más y resultaba entretenido estar rodeada de gente más joven, divertida y sin los problemas rutinarios propios de su edad.

Fiestas y celebraciones, cualquier excusa era buena para preparar el viaje y en cada visita resultaba imprescindible la habitual quedada en el bar de en medio. El bar de siempre con diferentes dueños. Un altar al hijo del propietario del local que nunca se consagró pues el miedo le ganó la partida a la vergüenza de confesarle a su padre que lo de subirse a un escenario con mucho público era harina de otro costal.

Recuerda el local en sus años de esplendor, había que tener paciencia para conseguir mesa en la terraza. Ahora se va porque hay que ir, pero ya les ha dicho "yo entro directamente a la terraza". 

Cuando llegó el actual inquilino tras el paso de varios con poca duración, todos tuvieron la esperanza de que éste iba a ser diferente: acertaron; pero no en el sentido esperado.

El último inquilino, barrigudo y de desagradable aliño es el fiel reflejo del estado del bar. La vajilla sucia siempre ocupa una gran parte de la barra en torno al grifo de la cerveza. Los platos de aperitivo, vacíos o medio llenos se apilan formando una ecléctica torre cuyo equilibrio puede perderse en cualquier momento; los vasos, de forma y tamaños diferentes, parecen un ejército anárquico que espera las órdenes del general, una vacía botella en el centro de ellos.

En toda nueva visita siente una inevitable repulsa ante su descarada mirada al escote de cada fémina. Poco le importa que vaya acompañada de su anciano padre, parroquiano de a diario. Pero lo peor es el recuerdo de una escena protagonizada por el último inquilino al poco tiempo de su llegada, cuando una noche, tras un intento de hacerse el gracioso con muy poca fortuna, se agachó a recoger algo del suelo quedándose encajado entre la máquina de los helados y la pared en la zona más estrecha de la barra ofreciéndoles a los allí presentes la moderna imagen que sobresalía entre el pantalón y su camisa. Ese feo y peludo culo digno de una pesadilla. Lo dicho: "yo entro directamente a la terraza".


martes, 18 de septiembre de 2012

Nombres comunes

Existen nombres que parecen especiales hasta que dejan de serlo, el mío, por ejemplo. Durante mi vida no me había cruzado mas que con una compañera en el instituto y un par de chicas del pueblo que se llamaba como yo, eso me hacía sentir especial. Comencé mi vida laboral y ahí estaba la primera usurpadora de mi nombre, y digo usurpadora porque no quedó más remedio que añadirme la coletilla del María para distinguirnos. Esto duró un par de años, y durante otros veinte  volví a ser única, hasta que, de repente, hace poco tiempo, en comparación con el resto de mi vida, comenzaron a brotar Belenes a mi alrededor: una compañera de baloncesto de mi hija pequeña fue la primera en aparecer, para más tarde, una compañera de trabajo (en una oficina de nueve personas dos Belenes es mucho Belén), una cliente que además llevaba un apellido de cada una de nosotras...... y más. Pero si pienso el porcentaje que representa y lo comparo con el número de nombres comunes: bueno, seré pedante, pero me sigo sintiendo especial.

La  cosa se complica cuando parece que a un nombre se le ha pegado un apellido. Y te fijas cuando esa composición tiene relación contigo, porque parece que te persigue. Y entonces surge que un día te pasa un compañero una llamada diciéndote "te llama Pepito Pérez" y tu, que inmediatamente has pensado en la cerveza que te debe Pepito, saludas con un efusivo "¡no veas como me voy a poner cuando me cobre la apuesta del viernes!". Y, en ese momento, al otro lado del teléfono, te contestan "buenos días, soy Pepito Pérez, del departamento de seguridad, es por el aviso de avería que diste ayer...." y tu te hundes en la silla y das gracias de que no sea una videoconferencia.

Pero es que el Pepito Pérez es mucho más común de lo que pensabas, aunque tu Pepito Pérez no tenga nada de común. Y te lo encuentras en una asistencia telefónica, en una retransmisión deportiva, firmando un artículo sobre moda... Así  es que el día que te indican que el señor Pepito Pérez esperará tu visita en el taller, aunque evidentemente sabes que no es tu Pepito Pérez, como solo conoces al tuyo, al que te espera le pones una cara parecida. Hasta el instante en que te recibe el jefe de taller Pepito Pérez, que resulta ser alto, delgado, con pelo y traje, es decir, nada que ver con tu original. Y piensas, "¡ay mi pobre Pepito Pérez!"



  

martes, 21 de agosto de 2012

Piel de luna

Me dirigía al metro tras una clase que ha resultado divertida, el profe debe estar orgulloso de la imaginación desplegada hoy por todos nosotros, pero mi única preocupación giraba en torno a los cascos del ipod que deseaba colocarme lo antes posible para que la música de Adele, a un volumen por el que regañaría a mis hijas, me abstrajera de cualquier tipo de pensamiento. Ya en el vagón, elijo asiento y me adapto a su incomodidad, dispuesta a cerrar los ojos y disfrutar de la música en todo el trayecto.

Comienzan a pasar las estaciones y al llegar a Goya abro los ojos para cerciorarme por dónde andamos. Entonces la veo entrar, es una chica de unos veinticinco, muy guapa, de piel tan blanca que me llama la atención cierto sonrosamiento en su cara.

Se sienta frente a mi y ya no puedo cerrar los ojos ni parar de observarla. Ella saca su móvil y comienza a leer, es evidente que repasa una conversación del WhatsApp y a sus ojos quieren asomarse de nuevo las lágrimas, ella las ahoga llevándose la mano libre a la boca, pero su ligero hipo la delata. De repente un amago de sonrisa. Bueno, la conversación no fue tan mala, algo bonito debió decirle. 

Guarda el móvil y se deja mecer por el tren, por sus ojos vuelve a pasar la conversación, otra vez las lágrimas quieren hacer acto de presencia. Llegamos a La Elipa y sin mucho empeño se prepara para salir. La veo alejarse hacia la salida con una extrema languidez.

Mi agotado cuerpo decide que ya es momento de cerrar de nuevo los ojos, pero mi alma se escapa justo antes de que se cierren las puertas y la acompaña para compartir su tristeza. ¿Qué te pasa piel de luna? Cuéntame y llora, ahora sin miedo, camino a casa, nadie te ve, nadie te preguntará.

"Última estación", dice la locución. Y mi alma regresa a mi cuerpo para sacarlo del vagón y traerme a casa. Adele no ha dejado de sonar y por el camino comienzo a escribir en mi cabeza.

viernes, 17 de agosto de 2012

¿Vida vacía? O no.....

Lo sé,soy una inconstante y siempre cuento lo mismo: mi tiempo; pero qué le vamos a hacer, luego resulto simpaticota ¿no? Además, en estos casi dos meses lo único que me apetecía escribir eran cosas tristes y tampoco iba a estar ahí dando la murga. Pero hoy estoy contenta, muy contenta, como cuando de repente encontráis en el armario, en pleno invierno, ese jersey de ochos, con cuello vuelto que os acoge y os mima ¡y que llevaba desaparecido dos años! Pues eso, que hoy, tras una nueva vuelta al armario, he encontrado a alguien que pensaba desaparecido de mi vida.

Y es que, al virar, la vida en ocasiones te ofrece nuevas perspectivas que siempre habían estado ahí pero a las que eras incapaz de enfrentarte. Y solo necesitas tu propio empujoncito para realizar tu transformación. Yo estoy en ello, una vez más, asumiendo que romper no es fácil pero cada día dándome más cuenta que la vida no se vacía. Ahora ya puedo decirlo en voz alta, ya no hay miedo de echarme atrás, he terminado una etapa en ese club de barrio de mis amores que tanto de ese tiempo me ha ocupado (que no robado), el que le tomaba en préstamo las palabras a este blog.

He barajado la posibilidad de traeros hasta aquí extractos de esas palabras en las que ha habido mucho de sentimiento, unas veces mejor escrito que otras, tal vez  me decida a hacerlo en algún momento. Aunque las podéis leer en la web hoy quiero dejaros aquí el final del final, éste llegó a los entrenadores pero no vio la luz en la red porque.... bueno, por lo que fuera en ese mes de junio. Pero es mío, y como mío creo que ha llegado el momento de compartirlo en este mi rincón, de manera que suponga el punto de inflexión necesario para empujarme hacia adelante.

".......... Y ahora sí, toca despedirse, y no puedo evitar hacerlo de la única forma posible que es dando las gracias, tendría que hacerlo a muchísimas personas, intentaré no olvidarme de nadie. Primero a Jesús Torres, por retarme hace cuatro años a embarcarme en esta aventura. A Javi Rodríguez, por mucho, pero especialmente por empujarme a elevar mi voz para todos vosotros cada semana. A todos los entradores que me habéis permitido colarme en vuestros correos electrónicos en estos años, sobre todo a los que no me habéis enviado a la papelera de reciclaje. A Eva Moyano, por no importarle que me inmiscuyese en la web con mi perorata semanal. Al “Presi”, por lo mucho que dice sin hablar. Al resto de mis compañeros en la Junta Directiva, por soportarme. A todos los que me habéis permitido ser una más en cada entorno. A los directores técnicos, no puedo olvidarme de Antonio Arteaga, que tanto me enseñó. Y a vosotros, jugadores y jugadoras de Distrito Olímpico, que me habéis hecho reír, saltar y llorar de alegría, que os habéis convertido en mi familia. GRACIAS y hasta siempre."

Pues hasta aquí he llegado hoy, dispuesta a seguir creciendo para todos vosotros.


jueves, 28 de junio de 2012

Conscientemente manipulada

Caminar por la vida no siempre resulta fácil, no tenemos GPS que nos indique en qué calle hay que girar a la derecha para llegar a nuestro destino, ni cuál es el camino más rápido, o el recorrido por el que no hay que pagar peajes.

Caminar por la vida supone respetar las normas de educación, pasar lento sobre los badenes, evitar los baches, compartir tramos con otros viandantes, avanzar en solitario en ocasiones. Acelerar el paso para llegar antes a la siguiente estación o parar en seco ante un semáforo en rojo y entonces contemplar.....

Y los caminos que nos encontramos..... llanos y rectos, llenos de curvas y baches, de una sola vía o con infinidad de cruces. Por cada uno de ellos va transcurriendo nuestra vida y es nuestra tarea recorrerlos sea cual sea su aspecto en cada momento, y arriesgar a equivocarnos al coger un cruce o al decidir parar en un área de descanso.

A mi me gusta controlarlo todo, y cuando el camino comienza a cambiar su estructura me asusto, me embriago de palabras que circulan veloces por mi cabeza, golpeando unas contra otras cual coches de choque en el perímetro de mi corteza cerebral; las combinaciones de elementos asociados de dos en dos, de tres en tres o .... desembarcan cual tripulación regresando de una tormenta perfecta; la tropa de decisiones avanza y retrocede en el campo de batalla, perdiendo efectivos o reclutando nuevos cadetes.

Y entonces cierras los ojos y dejas que el camino recorrido comience a pasar por ellos, fotogramas de tu propia vida descubiertos en 3D, y tomas consciencia de que no tienes las riendas de tu existencia, que siempre hay agentes externos que manipulan la realidad, para convertirla en su realidad virtual y dirigir tu embarcación según su corriente más favorable y te dejas llevar disfrutando del paisaje, hasta que un día te mareas, saltas por la borda y de nuevo a empezar.


martes, 3 de abril de 2012

Políticamente In-Correcta

Nunca me he caracterizado por tener mano izquierda, es más, en cierto modo me he vanagloriado de ello. He presumido de ser de ese tipo de personas a las que ves venir, a veces incluso antes de haber hecho intención de caminar. Y aunque, en ocasiones, he tenido intención de cambiar, de bajar el pistón, mi bravura siempre ganaba a la buena voluntad. Simplemente era Políticamente Incorrecta e incapaz de corregirme.

Pero de un tiempo a esta parte estoy notando cambios en mí. Y no es que sienta haber entrado en la tan manida crisis de los cuarenta y haya decidido rejuvenecer y ponerme estupenda cual veinteañera, o me haya vuelto una pendona desorejada blandiendo la bandera de divorciada, simplemente es que me sorprendo a mí misma actuando como jamás creí poder hacerlo: ¡he aprendido, puedo ser Políticamente Correcta!

La cuestión es cuándo, porqué, con quién.... No esperéis respuesta a ninguna de estas incógnitas, simplemente surge. La vida te va colocando en situaciones y ante ellas reaccionas y resulta que las situaciones se repiten en diversos momentos de tu vida y te das cuenta que tu reacción ya no es la misma que hace unos años. A esto hay quien lo llama madurez, yo no estoy tan segura de ello, tal vez, simplemente, nos adaptemos a lo que una gran parte supone que es lo correcto.


Pero realmente ¿qué es lo correcto?


No es correcto ir corriendo y saltar en un charco para mojar a los que esperan el autobús, pero hacerlo una vez en la vida debe ser tan divertido....


No es correcto saltarse una clase en el instituto, pero esos ratos intensos compartiendo risas jamás se repetirán.


No es correcto engordar el curriculum, pero si ello te abre las puertas de tu futuro y resulta que lo vales, a nadie le importará luego.


No es correcto robar, pero si lo haces para darle de comer a tu hijo hambriento, no debería estar penado.


No es correcto tener un amante, pero si te inyecta la felicidad que te permite sobrevivir en una vida impuesta...


No es correcto pelar las gambas con las manos, ¡pero qué rico sabe chuparse luego los dedos....!!


No es correcto ser egoísta y actuar en consecuencia, pero si lo fuésemos más a menudo, seguro seríamos más felices y haríamos más felices a los que nos rodean.


Jamás sabremos qué es lo correcto, mucho menos si cada una de las decisiones que tomamos, de las actitudes que adoptamos lo son. Unas las sopesamos hasta volvernos locos, otras la adoptamos sin apenas pensarlo. Debemos aceptarlas porque  las hemos tomado, las hemos adoptado y ya no tienen vuelta atrás, han marcado el inicio del resto del camino. El camino que he comenzado a recorrer y que solo me puede llevar a mi futuro.




P.d.: este post se encontraba a medio escribir entre los borradores del blog desde hace más de medio año, hoy un twit se ha encargado de terminar de darle vida. Gracias @Javirodespi.




lunes, 12 de marzo de 2012

Yo quiero estar aquí

En un trimestre completo sin asomarme a estas líneas han pasado por mi cabeza muchos pensamientos que me hubiera gustado compartir y que una vez más, mi falta de tiempo o ya no sé si de organización, han evitado que os haga partícipes de ellos. 

Por otra parte, no es que haya perdido las ganas de escribir, todo lo contrario, o que os sea infieles porque sí que escribo, lo hago cada semana para mi otra media vida, esa de la que seguro alguien piensa que me tiene abducida y que es ese Club de baloncesto que mientras me llena me mata.

Os preguntaréis entonces qué ha ocurrido de extraordinario o importante para que por fin haya encontrado el momento de acercarme hasta este rincón, pues siento decepcionaros, pero no hay nada especial.

Ni siquiera soy original, pues para arrancarme a meter la llave en la cerradura del este blog y abrir su puerta, he tenido que leer un tuit que ha puesto palabras a mis sentimientos y que espero que a su propietario no le importe que transcriba.

"No me gusta pero cobro, me gusta pero no cobro, me llena pero cobro poco y con todo no puedo #dudasexistenciales"

Comparto la esencia aunque no los "cobros", a mí solo me pagan por lo que no me gusta, y tampoco es del todo cierto, porque sí me gustaba, pero ahora parece que todo estuviera patas arriba, que el capitán del barco hubiera perdido el rumbo, o tal vez sea que yo me mareo con el cambio de éste y no estoy sabiendo adaptarme a los nuevos aires y es lo que no me gusta.

El problema está en que la existencia del "me gusta" y "me llena", que son los que en estos momentos alimentan mis ilusiones, necesitan del "no me gusta pero cobro" mientras no llegue una santa primitiva que me libere de la hipoteca y me permita decirle al capitán que me paga: "ahí se queda usted con su nuevo rumbo, que yo me apeo del navío".

¿Y mientras tanto qué? Pues hasta que llegue el momento en que esa santa señorita se decida a tocar mi puerta, debería ir poniéndome las pilas y conseguir que el "no me gusta" deje de ser una losa cargada a mi espalda para así tener más tiempo para el "me gusta" y que el que le dedico al "me llena" no me agote hasta conseguir que me duerma por las esquinas.

Si alguien conoce alguna receta mágica, estaré encantada de usarla y comprobar su eficacia.