domingo, 31 de julio de 2011

¿Y ahora que?

¿Esto es un diario, no? Pues hoy toca contar, aunque realmente no sé como empezar.

Después de cinco semanas en las que tan solo he visto a mis hijas un día, hoy era el día D regreso, y aunque no sabía muy bien cuál era la hora H, lo que sí sabía era que esta noche dormirían en casa y teníamos por delante una semana de vacaciones para compartir intensamente, incluyendo un viaje a Barcelona.

A las 16.45 recibo sms avisándome de que ya están en Madrid, la tranquilidad te inunda el cuerpo, el viaje ha terminado satisfactoriamente. 

Aunque la jornada nos tenía reservada una desagradable sorpresa. A las 19.30 en la pantalla de mi teléfono aparece  la imagen de mi hija pequeña, descuelgo y está llorando, muy nerviosa, han abierto el coche y les han robado las maletas.

En cuestión de décimas de segundo te comienzan a pasar un millar de cosas por la cabeza, lo primero intentar tranquilizarla, decirle que no pasa nada, que si ellas están bien, lo demás son cosas que se compran, que ya está. Pero mientras hablas, tu cabeza piensa a una velocidad supersónica y te viene la imagen de su partida, con las maletas y su contenido, y entonces te da el ataque, y cuelgas para que la niña no se entere de que estás perdiendo los nervios. 

Afortunadamente no estás sola, y una amiga, caída del cielo, que estaba contigo para expandirse, se come el marrón y te da tranquilidad (por cierto, gracias de nuevo).

Toca reaccionar, bloquear teléfono, cambiar cerradura y salir pitando a encontrarte con tus hijas. Espero que jamás tengáis que reencontraros con vuestros hijos, después de tanto tiempo sin verlos, en la sala de espera de una comisaría. Y, claro, también está su padre, al que no le puedes decir todo lo que se te viene a la cabeza, porque bastante tiene con que le hayan roto la ventanilla y la que se le viene encima.

Hora y media esperando y hora y media poniendo la denuncia, sí, sí, hora y media, porque por la vida de mis hijas ha pasado un tsunami sin agua que las ha dejado con lo puesto, la denuncia tiene tres páginas, y la sensación es de desnudo mientras le relacionan al policía el contenido de cada maleta, de cada mochila. Y tu te sigues poniendo mala y miras a su padre y sin palabras nos lo decimos todo.

Pero, una vez más, no me queda más remedio que darles a mis hijas un OLÉ. Tras los nervios iniciales, el llanto de la impotencia, de la pérdida, comienzan a confeccionar la lista de lo sustraído mientras esperamos y, a la hora de poner la denuncia, se comportan como dos señoritas, con una entereza que no declara la edad que tienen. Y, al marcharnos, se despiden de su padre con un enorme abrazo colectivo, con el que le dicen que no se preocupe. Y mientras cenamos, entre ojos húmedos también hay sonrisas y bromas. Y agarrándome las manos me dicen que no me preocupe, mientras en mi cabeza ha aparecido una calculadora que me marea.

A partir de mañana comienza la tarea de recomposición y decidir: Barcelona sí, Barcelona no. 


viernes, 29 de julio de 2011

Medio minuto

He descubierto que de un tiempo a esta parte mis enfados no duran más de medio minuto ¿que entonces no son enfados? Pues probablemente, porque ¿enfadarte, para qué?

Los enfados con los hijos suelen llegar por cosas intrascendentes, "mira qué pinta llevas" (una falda tan corta que ya te gustaría ponerte tu), "tienes una leonera por habitación" (cuatro cosas fuera del lugar donde tu crees que deberían estar colocadas), "si es que estás continuamente pensando en las musarañas" (tu estás escribiendo un blog), "cuánto tiempo pierdes" (y tu a las -mejor ni lo digo- de la madrugada conectada al ordenador).

Los enfados con la familia, esos que llegan tras momentos de euforia colectiva, por un quítate que me pongo, es que tu me has pisado primero, pero cuando éramos pequeños siempre me tocabas las coletas....

Los enfados con la pareja. Lo siento, de esos yo no uso.

También están los enfados con jefes y compañeros...... uffff, de estos mejor no poner ejemplos, porque claro, ¡¡como yo no trabaja nadie!!

Y, por último, los enfados con los amigos. Ahí la gama y variedad es enorme, dependiendo de los niveles de amistad, del sexo (tuyo y del amigo), del resto de enfados, incluso del buen humor de ambos.

Imagina que llega el día internacional del enfado, ese en el que decides que todo ser viviente que pase a menos de dos metros de tu espacio vital, es decir: todo aquel con quien te relacionas, es un intruso en tu vida, digno de tu mayor desprecio. Ese día agarras bien fuerte el cesto de las chufas y ya no lo sueltas por si te lo quitan. 

Y entonces, ¿qué hago yo con esa sonrisa que me había prometido y que me ha cambiado la vida? Pues dejarla salir en menos de medio minuto y las chufas en horchata, que están mucho más sabrosas.


sábado, 23 de julio de 2011

Llorar para reír

La vida es...... La vida es una puñetera que no deja de ponernos obstáculos cada día a lo largo y ancho de su recorrido. Aunque.... ¿es la vida o somos nosotros mismos quienes la hacemos difícil de recorrer? De todo hay en la viña del señor.

Evidentemente, en cada momento de nuestra vida estamos rodeados de una serie de circunstancias que nos condicionan en mayor o menor medida, pero en cada una de esas circunstancias siempre nos aparece una elección y la que tomamos es una decisión personal que determina cuál es el siguiente tramo por el que caminar.

Yo hace tiempo que decidí que el único camino a recorrer era el que me hacía sonreír por dentro.

No siempre es fácil seguir la senda que te marcas, porque algún duende se empeña en colocar trampas que te distraen del objetivo o que te dirigen hacia un objetivo erróneo, hasta es posible que estés distraída un tiempo excesivo. 

Pero llega un momento en el que una frase, una música, un olor, un recuerdo... te hacen ver que te estás equivocando y entonces es el momento de reaccionar, de dar un zapatazo, dejar las lágrimas, mirarte al espejo y decirte: soy yo, la mejor compañía que jamás podré tener y me necesito, y me necesitan. Y entonces aceptas tu vida y tomas sus riendas. Asumes que la perfección no existe, o que todo es perfecto cuando luchas porque sea lo mejor que puedes tener en cada momento, lo mejor que puedes dar.

Sé que no es fácil, pero también que es posible. Y el primer paso es dejar de pensar en el "y si.....". El pasado ya pasó, y no se puede cambiar, forma parte de tu historia y no queda más remedio que asumirlo como tal. El futuro es el que construyo cada día con mi presente, y es en este presente donde tengo mucho que decir, donde tengo mucho que aportar.

Nuevamente he decidido que mi mejor camino lo recorro sonriendo por dentro y estoy en ello.


martes, 19 de julio de 2011

Des_Conexión

De regreso a la cruda realidad madrileña, tras unos pocos días de relajo por tierras gallegas, tal y como estaba previsto, buena temperatura (más lluvia de la deseada pero en Galicia ya se sabe), buena comida, buena compañía, estupendos paseos, incluso algo de ejercicio, mucha lectura y..... desconexión a medias. 

Existe una cosa que se llama Black Berry ¿os suena? Yo la descubrí hace poquito. Y con ella entraron en mi vida su multitud de aplicaciones, aplicaciones que te mantienen unida al mundo virtual cual cordón umbilical.

Antes, te ibas de vacaciones y realmente desaparecías. "Estoy en el pueblo, no hay cobertura ni cibercafés". Y cuando volvías necesitabas una semana para ponerte al día de lo ocurrido en la oficina y de las novedades de tus amigos, una semana que se tornaba como bálsamo de la incorporación al trabajo.

Pero ahora, ese maldito o estupendo aparatito, según el momento, y con él las redes sociales, se convierten en la mayor ventana indiscreta de este mundo, una ventana que te ofrece unas maravillosas vistas de la vida y milagros de aquellos que son tus amigos o a los que sigues, y ante la cual puedes pavonearte cual modelo recorriendo la más grande de las pasarelas. Evidentemente cada uno le da el uso que cree conveniente, tengo un amigo que solo utiliza el Facebook para, como dice él, "los cumpleaños". 

Yo, ahora, soy más de Twitter, ¡es tan fácil y está tan a mano en la BB! Como me decía ayer otra amiga, es un diario "on line". Es una forma de decir "que sepáis que estoy aquí, que no me olvido de vosotros y no se os ocurra olvidaros de mi".

Pero ahora, ¿quién me va a llamar para que le cuente mis vacaciones?  Y, cuando me pregunte mi madre, que de momento no está interesada en estas tecnologías, ¿con qué ganas le voy a contar algo que me va a sonar a repetido?¿Me acordaré de lo vivido o ya lo habré almacenado en el disco duro de mi memoria? ¡Menos mal que siempre podré consultar mis twit's porque tendré cerca mi BB!


viernes, 15 de julio de 2011

Vértigo

¿Alguna vez os habéis subido a La Lanzadera, en El Parque de Atracciones o a una atracción similar de cualquier otro parque temático?

Yo hace mucho que no lo hago, porque no voy a este tipo de parques y porque soy un poco miedica para esas cosas. La descubrí porque hace muchos años mis hermanas me arrastraron hasta ella, y desde entonces, cada vez que iba al Parque, me subía una sola vez, como en una especie de ritual, sabía que iba a estar asustada hasta que colocara mis posaderas en ese asiento que luego te atrapa, y que durante el trayecto de subida no dejaría de pensar “¿quién me manda?”, que, al llegar arriba, abriría los ojos para disfrutar del impresionante paisaje que ofrece la altura, para, segundos después, cerrarlos y gritar como una posesa durante todo el descenso. Buf, qué a gusto te quedas y qué relajadita sales.

Hace unos días tuve una sensación muy similar, pero no fue en ningún parque temático, ni siquiera con el estrés de las compras. La sensación me la produjo el hacer una de esas cosas que los mayores calificamos de locuras de adolescentes, algo que, como adulta equilibrada, sabía que no era muy normal, pero que una fuerza en mi interior me empujaba a realizar, y lo hice.

¡Madre mía, hacía siglos que no me sentía tan viva! La adulta me estuvo reteniendo hasta el último momento, pero la adolescente que debe estar escondida en algún rincón dentro de mí, sobre la bocina salió pitando y puso manos a la obra. Cuando el telón se estaba levantando, me empezaron a temblar las manos y una sonrisa tonta no se me caía de los labios. Realmente adolescente.

No sé qué aspecto tenía ni la impresión que di, pero me da un poco igual, ya estoy mayor para preocuparme de lo que los demás piensan sobre lo que hago, mucho más si con mis actos no molesto a nadie. Me sentí tan bien en los días posteriores, que aún me dura la tontería.




martes, 12 de julio de 2011

De compras

Se acabó la primera jornada vacacional, en parte relajada, en parte agotadora. Ir de compras por Madrid, una tarde del mes de Julio, no es nada recomendable, os lo aseguro.

Partiremos de la base de que NO me gusta ir de compras, sí, sí, no os extrañéis, soy mujer y no me gusta. Eso no quiere decir que no me guste comprar y menos que no me guste comprarme cosas, lo que no me gusta es el acto de salir a comprar de manera premeditada. Y no me estoy refiriendo a la “compra para la casa”, que esa no le gusta a nadie, sino al hecho de arreglarte y armarte de valor para ir de tiendas buscando algo en concreto, ¡nunca lo encuentro!

Lo que no me importa es salir por el placer de perder el tiempo y encontrar cosas, ¡me pongo de contenta! Qué fácil resulta hacernos felices, no sé como los hombres nos consideran complicadas.

Pero no os asustéis, al final encontré, no todo lo que buscaba pero encontré. Y resultó que lo tenía a cien metros de casa, no a siete estaciones de metro. Al final sonreí, mira que nos gusta hacer complicadas las cosas ¿verdad?

Esto me ha llevado a reflexionar sobre algo ajeno a las compras. ¿Por qué siempre pensamos que lo mejor estará lejos o será impresionante, o no lo encontraremos si no es en un lugar espectacular? ¿Por qué siempre pensamos que lo que tenemos cerca no es lo más valioso?

Y normalmente lo es, porque lo que tenemos cerca está junto a nosotros cuando nuestro humor es de perros por no haber encontrado lo que buscábamos y cuando nuestra energía se desborda a través de todos nuestros poros después del hallazgo inesperado de aquello que nos satisface.

Hoy he buscado debajo del sofá, a ver si está tan cerca tan cerca que no lo veo, pero no, tampoco en esta ocasión ha salido de su escondite…. ¿Y tu, lo encuentras? Mira a tu alrededor, seguro que está esperando a ser descubierto.



lunes, 11 de julio de 2011

El primer día

Desde que tengo memoria me ha gustado escribir, mi profesor de octavo, Enrique, puede dar fe. Y habitualmente lo he hecho, con mayor o menor carencia, con mayor o menor fortuna, tan solo para mí o compartido con amigos, incluso me dieron el primer premio del único concurso al que me he presentado.

También he comenzado en varias ocasiones a escribir un diario, durante la adolescencia, en momentos difíciles, y en los últimos tres veranos. A éste lo llamaba Diario de Vacaciones y su objetivo era compartir mi vida, mis sentimientos, aunque tan solo tenía una persona destinataria y por primera vez estaba escrito en formato de correo electrónico. Cuando leí "Contra el viento del Norte" de Daniel Glattauer, pensé que me había copiado la idea...

Este verano aún no había empezado a escribirlo, pero lo echaba de menos y he decidido atreverme a compartirlo con el mundo a través de "la red". El camino a recorrer está indeterminado, dejaremos fluir los momentos y las palabras.

Hoy es mi primer día de vacaciones de forma oficial, pero para mi las vacaciones comienzan el día en que se termina el curso y la rutina, en donde son más los días que paso sin familia que los compartidos con mis chicas.

Los veranos parecen una contrarreloj: campamentos, días de trabajo, días con amigos, más trabajo, días con mis chicas, más trabajo, para llegar al último período de vacaciones, el más largo pero no el más reconfortante, de Madrid al pueblo y del pueblo a Madrid. Mis chicas empezarán su rutina el uno de septiembre y poco importará que yo esté de vacaciones.

De momento, como ya he dicho, hoy comienza mi primer período vacacional propiamente dicho, mis chicas se han marchado camino del Mediterráneo y yo esperando para mañana hacer lo propio con amigos a tierras gallegas. Buena temperatura, buena comida, buena compañía, paseos agradables, lectura y..... desconexión, que buena falta me hace.