De regreso a la cruda realidad madrileña, tras unos pocos días de relajo por tierras gallegas, tal y como estaba previsto, buena temperatura (más lluvia de la deseada pero en Galicia ya se sabe), buena comida, buena compañía, estupendos paseos, incluso algo de ejercicio, mucha lectura y..... desconexión a medias.
Existe una cosa que se llama Black Berry ¿os suena? Yo la descubrí hace poquito. Y con ella entraron en mi vida su multitud de aplicaciones, aplicaciones que te mantienen unida al mundo virtual cual cordón umbilical.
Antes, te ibas de vacaciones y realmente desaparecías. "Estoy en el pueblo, no hay cobertura ni cibercafés". Y cuando volvías necesitabas una semana para ponerte al día de lo ocurrido en la oficina y de las novedades de tus amigos, una semana que se tornaba como bálsamo de la incorporación al trabajo.
Pero ahora, ese maldito o estupendo aparatito, según el momento, y con él las redes sociales, se convierten en la mayor ventana indiscreta de este mundo, una ventana que te ofrece unas maravillosas vistas de la vida y milagros de aquellos que son tus amigos o a los que sigues, y ante la cual puedes pavonearte cual modelo recorriendo la más grande de las pasarelas. Evidentemente cada uno le da el uso que cree conveniente, tengo un amigo que solo utiliza el Facebook para, como dice él, "los cumpleaños".
Yo, ahora, soy más de Twitter, ¡es tan fácil y está tan a mano en la BB! Como me decía ayer otra amiga, es un diario "on line". Es una forma de decir "que sepáis que estoy aquí, que no me olvido de vosotros y no se os ocurra olvidaros de mi".
Pero ahora, ¿quién me va a llamar para que le cuente mis vacaciones? Y, cuando me pregunte mi madre, que de momento no está interesada en estas tecnologías, ¿con qué ganas le voy a contar algo que me va a sonar a repetido?¿Me acordaré de lo vivido o ya lo habré almacenado en el disco duro de mi memoria? ¡Menos mal que siempre podré consultar mis twit's porque tendré cerca mi BB!
No hay comentarios:
Publicar un comentario